Arzobispo de Chicago: "Somos responsables de los más vulnerables"

El Cardenal Blase Cupich, Arzobispo de Chicago, se dirigió a los asistentes al Encuentro sobre la Protección de menores, en Roma, invitándolos a discernir, a través de un diálogo animado, hacia dónde nos llama nuestro ministerio para enfrentar eficazmente el escándalo del abuso sexual del clero que ha herido a tantos pequeños

22 FEBRERO 2019

El Card. Cupich expresó en su alocución que “Solo una visión sinodal, enraizada en el discernimiento, la conversión y la reforma a todo nivel, puede llevar a la Iglesia a aquella acción integral, a la que nos llama la gracia de Dios, en defensa de los más vulnerables en medio nuestro”.

El Card. Cupich observa la necesidad de ampliar el sentido de colegialidad, pues esta no se reduce a una responsabilidad personal del obispo, sino que es una responsabilidad de toda la Iglesia y de todas sus estructuras y de las que forman parte las comunidades católicas y por supuesto, las familias. La indiferencia al sufrimiento de las personas abusadas y de sus familias es inaceptable.

Para el purpurado, en estos casos “la Iglesia debe ser verdaderamente una Pietà, destrozada por el sufrimiento, consoladora en el amor envolvente, constante en señalar la ternura divina de Dios en medio de los dolores de la desolación en aquellos que han sido aplastados por el abuso del clero”.

Cupich señala que “hay cuatro orientaciones enraizadas en la sinodalidad que deben conformar toda reforma estructural, legal e institucional, diseñada para enfrentar el enorme desafío que representa en este momento la realidad del abuso sexual por parte del clero”.

La primera orientación es una postura perpetua de escucha radical para comprender la experiencia aniquiladora de aquellos que han sido abusados sexualmente por el clero.

 Para Cupich, es importante la calidad de la escucha: “Nuestra escucha no puede ser pasiva, esperando que aquellos que han sido abusados encuentren un camino hacia nosotros. Más bien, nuestra escucha debe ser activa, buscando a quienes han sido heridos y tratando de servirlos. Nuestra escucha debe estar dispuesta a aceptar el desafío, la confrontación e incluso la condena de los fracasos pasados y presentes de la Iglesia en mantener a salvo lo más precioso del rebaño del Señor”.

El Cardenal subraya el papel de todos los miembros de la Iglesia, y en especial de los laicos: “Las madres y los padres nos han llamado a rendir cuentas, porque simplemente no pueden comprender cómo nosotros, como obispos y superiores religiosos, a menudo nos hemos cegado ante el alcance y el daño del abuso sexual de menores”.

Nuestra obligación es –dirigiéndose a los asistentes- “incorporar sin cesar una amplia participación de laicos en cada esfuerzo para identificar y construir estructuras favorables a la obligación de rendir cuentas para prevenir el abuso sexual del clero”.

El Cardenal Cupich insta a los obispos a que “En vez de actuar aisladamente, necesitamos comunicarnos unos con otros en un espíritu de confianza, reconociendo todo el tiempo que somos fieles a los deseos de Cristo que nos ha unido como sucesores de los apóstoles en el don del mismo Espíritu”.

Insiste en que “la obligación de rendir cuentas dentro del colegio episcopal, marcada por la sinodalidad, puede configurarse de manera que se convierta en una sólida red de guía, gracia y apoyo que no deje solo al líder individual en situaciones difíciles ni se base en la falsa impresión de que la Santa Sede debe dar todas las respuestas”.

Para el prelado, “El principio orientador final que es esencial para que las estructuras de rendición de cuentas por el abuso sexual del clero sean efectivas es el llamado al acompañamiento…  Acompañar implica intentar genuinamente comprender la experiencia y el camino espiritual del otro… Cada vez que un superviviente se acerca a la Iglesia, ya sea en busca de consuelo o de justicia, de retribución o de paz, es una invitación a la Iglesia a ser genuinamente Pietà, marcada por la ternura y la empatía”.

Cupich insiste  en que “El acompañamiento auténtico al estilo de Cristo ve a todos como iguales ante el Señor, y las estructuras basadas en el acompañamiento hacen que todos se sientan y aparezcan iguales ante el Señor”. Esta afirmación sitúa a toda la comunidad cristiana al mismo nivel. El sacerdote no está por encima de la comunidad.

A+ A- Imprimir artículo