Sn. Jn. 15, 5-15

HOMILÍA DEL DÍA, MARTES 19 DE MAYO- Por Fr. Isauro Covili

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MARTES 19 DE MAYO, SAN JUAN 16, 5-11.

Jesús, a partir de la comunicación de su separación, provoca que la tristeza que los discípulos guardaban en el corazón aflore en ellos. Ninguno pregunta. Pareciera que la tristeza les impide hablar. Es evidente que separarse del estilo de vida aprendido junto a Jesús, comporta para los discípulos un sufrimiento. San Agustín explica así este sentimiento de abandono que invadía a los discípulos: “Les daba miedo el pensamiento de perder la presencia visible de Jesús… Su afecto humano se entristecía al pensar que sus ojos no experimentarían más el consuelo de verlo” (Comentario al evangelio de Juan, XCIV, 4). Jesús intenta disipar esta tristeza, causada por la disminución de su presencia, al revelar la finalidad de su marcha. Es decir, que si él no parte, el Paráclito no vendrá a ellos; pero si él muere para retornar al Padre, lo podrá enviar a los discípulos. La partida y la separación son condición previa para la venida del Paráclito: “pues si no me voy, no vendrá a vosotros el Consolador…”

Jesús continúa describiendo la misión del Paráclito. El término “Paráclito” significa “abogado”, es decir, apoyo, asistente. Aquí el Paráclito viene indicado como el acusador en un proceso que se realiza ante Dios, en el cual el imputado es el mundo, culpable de condenar a Jesús: “demostrará la culpa del mundo referente al pecado, a la justicia y al juicio”. “El convencerá al mundo”; el verbo griego elègkein significa que investigará, interrogará, pondrá a prueba: sacará a la luz la realidad, ofrecerá la prueba de la culpabilidad. El objeto de la demostración es el pecado: él ofrecerá al mundo la prueba del pecado que ha cometido en lo que se refiere a Jesús y se lo manifestará. ¿De qué pecado se trata? El de la incredulidad (Jn 5,44ss; 6,36; 8,21.24.26; 10,31ss). Además, el haber pensado el mundo que Jesús es un pecador (Jn 9,24; 18,30) resulta ser una culpa inexcusable (Jn 15,21ss). En segundo lugar, “demostrará” la culpabilidad del mundo, respecto a la justicia”. En el plano jurídico, la noción de justicia que más concuerda con el texto es la que conlleva una declaración de culpabilidad o de inocencia en un juicio.

La glorificación de Jesús, confirma su filiación divina y la aprobación por parte del Padre de la misión llevada a cabo por Hijo del Padre. Por tanto, el Espíritu demostrará directamente la justicia de Cristo (Jn 14,26; 15,26) al proteger a los discípulos y a la comunidad eclesial. El mundo, que pensaba haber juzgado a Jesús condenándolo, ahora es condenado por “el príncipe de este mundo”, porque es el responsable de su crucifixión (13,2.27). Jesús, muriendo en la cruz, ha sido levantado (12,31) y ha vencido a Satanás. Ahora el Espíritu testificará a todos el sentido de la muerte de Jesús, que coincide con la caída de Satanás (Jn 14,30; 16,33).

Para finalizar, El Resucitado sigue acompañando a sus discípulos a todos creyente para que puedan experimentar la necesidad de ser iluminados por la luz del Espíritu. Es el Espíritu el que garantiza que la causa de Jesús y la de los creyentes sea justa y fecunda.

Fraternalmente,

Fr. Isauro

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